Opinión / Columna
 
Todo lo Bueno 
Edmundo Domínguez Aragonés 
El Tigre
Organización Editorial Mexicana
10 de octubre de 2013

  Gene Kelly, el extraordinario bailarín estadunidense cuya celebridad la hizo interpretando una novedosa coreografía en Cantando bajo la lluvia, un clásico del cine musical, de Hoollywod vino a México. Siempre le admiré. De modo tal que en una reunión en los Estudios Churubusco conversé con él.

Miré sus zapatos. Un par de zapatillas de baile. Mocasines cómodos, ligeros, ajustados a sus pies. Lo destaqué y comenté con él el libro del poeta francés Paul Valery: Eupalinos y el arquitecto, que describe una danza. Sí lo había leído. Normal en un bailarín de su categoría, al lado de Fred Astaire, aunque en estilos de baile distintos, originales y perfectos.

En Nueva York, Astaire tenía una escuela de baile en la Quinta Avenida, y, siempre que yo miraba los parasoles verdes anunciando el lugar, me habría gustado inscribirme y acaso conocerle. Nunca lo hice.

En cambio, Kelly no instaló ninguna escuela de baile. Permanecía en un retiro tranquilo y sin afanes.

Ese día, en los Churubusco, tras la plática, los Hermanos Gurza, Miguel y Humberto, que allí mantenían con dignidad un zoológico para que los productores de cine dispusiesen de animales salvajes, y changos, tarántulas y serpientes, invitaron a Kelly y a mi visitar sus espacios. Kelly se regocijó con las demostraciones de afecto del chimpancé Chucho- Chucho, un gran actor en decenas de películas.

Por mi parte, solicité a uno de los hermanos acariciar al tigre. Una fantasía mía: tocar un tigre. Ese tigre de bengala, otro gran actor, fue protagonista en decenas de películas, las de la serie de Chanoc, donde actuaba Humberto y era grande y pesaba doscientos o más kilos.

"No lo acaricies por el frente de su cabeza. Házlo por detrás de ella, por el cuello y puedes acariciar su lomo sin tocarle la cola", me advirtió Miguel. Con cierto temor, yo tranquilo, el tigre echado, lo acaricié. El enorme felino levantó su cabeza, abrió sus fauces, mostró sus colmillos y, como un gatito ronroneó, y agradeció la caricia y la repetí varias veces hasta que ambos, yo y el animal, estuvimos satisfechos. Tengo varias fotos con él, yo casi montado sobre su cuerpo.

Después, el tigre ya de pie, Miguel me invitó a pasear con el tigre al lado. Una ronda y hasta una carrerita. "Le simpatizas comentó. ¿Aguantas un abrazo?". Dudé y acepté. El entrenador pronunció algunas palabras y aquel enorme felino se puso a dos patas y me abrazó. Más alto que yo y su enorme cabeza junto a la mía, de frente ambos. Sus fauces olían a tigre y sus colmillos era gigantescos. Esto sí lavados y limpios.

El animal puso sus patas sobre mis hombros y aguanté su peso, y luego se separó y fue al lado de Miguel que le dio una golosina. ¡Formidable e inolvidable experiencia!

Kelly comentó que él no habría hecho tal cosa:"No me gustan esa clase de riesgos. Cuando filmé la secuencia de Cantando bajo la lluvia, casi me da pulmonía. La hice varias veces y el traje, la camisa y los zapatos estaban mojados todo el tiempo. Sí, pero es una danza en solitario".

Nos sentamos a comer en la misma mesa en compañía de Pancho Córdova. Pancho y yo habíamos participado en la película de Alfonso Arau, Calzontzin Inspector, y yo escribí un reportaje sobre los meses de filmación, incluyendo el guión de la película que escribieron Héctor Ortega, Rius y Arau, basados en la novela el Inspector del ruso Nicolás Gogol.

Le obsequié el ejemplar a Kelly y llamó a un ayudante y le recomendó "esto va en mi maleta" y, seguramente lo colocó en algún lugar en su biblioteca.

No he sabido el nombre del tigre. Está en mi memoria para siempre. En muchas ocasiones sueño con tigres y leones. Son sueños diversos. De correrías y persecuciones en casas y habitaciones y nunca me han agredido. Así.
 
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