Opinión / Columna
 
Pedro Peñaloza 
Dinosaurios, amorosos y aburridos
Organización Editorial Mexicana
1 de diciembre de 2011

 

1.- Peña Nieto. Entre su pasado y su antepasado. Después del acto matraquero del domingo, queda claro que el PRI es irreformable. No puede exorcizar su historia, el ADN que les dio a luz no se puede quitar con agua y jabón. Puede promocionar a su "nuevo valor", tratar de endulzar sus imágenes, buscar refrescar sus filas; todo eso y más, pero está prisionero de una estructura sistémica que lo dibuja de cuerpo entero. Claro, se puede reformar, pero para ello tendría que desaparecer a los tres sectores que le garantizan el corporativismo; podría enviar en una remesa a las Islas Fiji a Gamboa Pascoe, a Romero Deschamps, a Víctor Flores, a Elba Esther Gordillo, a Gamboa Patrón, a Arturo Montiel y a otros similares y conexos, para apenas empezar a discutir el nuevo perfil del PRI.

También sería un buen gesto para su reforma, que cambiara su discurso, sus documentos básicos, su estilo de comportarse, sus compadrazgos, sus cargadas, su influyentísimo, y sobre todo su travestismo -de ser alemanista, echeverrista, salinista, zedillista y hasta apoyar las medidas represivas de Calderón-; todo esto podría conformar a un nuevo PRI, pero al hacerlo dejaría de existir. ¡Qué paradoja!

2.- Los amorosos. Una afrenta a Sabines. Lamentablemente ante la anemia programática de la izquierda, su candidato, López Obrador, se ha convertido en un publicista tardío del hipismo; claro, sin los valores auténticos de aquel movimiento contestatario. No hay más contenido, sólo un intento de atraer o endulzar a sectores reacios al tabasqueño. En el fondo su propósito es similar al PRI, aquel vende a un muchacho de celofán atractivo -para algunos- y el PRD y sus aliados pretenden colocar a un reciclado candidato que ahora socializa besos y abrazos.

La izquierda está huérfana, y como ha sido en el pasado reciente busca un mesías. Lo fue Cárdenas en 1988 y ahora lo es López Obrador desde 2006. El timbre de orgullo y el valor diferencial de la izquierda mexicana había sido su solidez programática, podría haber sido dogmática y sectaria, pero cuidadosa de sus aparatos conceptual y teórico. Ahora tiraron la cubeta, el agua y al niño. El poder por el poder mismo, vieja demanda donde caben todos, oportunistas, compañeros de viaje, analfabetas funcionales, nacionalistas irredentos, buscadores de chamba, intelectuales frustrados, etcétera. Todo cabe cuando no hay claridad programática.

3.- Los aburridos. Invitación a la hipocresía. Los panistas discuten aburridos, hablan aburridamente, agitan aburridamente, se confrontan aburridamente, todo lo hacen aburridamente. Ninguno de los tres suspirantes levanta interés. Y la que va arriba en las encuestas no esconde sus posturas derechistas primarias. Su diseño personal y discursivo es para captar al voto conservador, cacerolista, olvidadizo. Y su presidente -formal- sintetiza la estulticia y la chabacanería. Y el licenciado Calderón, desesperado, sabe que el futuro de su partido no tiene reversa y que su candidato no es más que un momentáneo suspirante. Pueden presumir su proceso interno. No basta para concitar la simpatía electoral.

EPÍLOGO. La miseria intelectual no se detiene. La aprobación de la cadena perpetua por parte de la Cámara de Diputados es la constatación de que tenemos una clase política ignorante de la historia y oportunista inocultable.

pedropenaloza@yahoo.com
 
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